El Poder del Ayuno
PREDICACIÓN EL 19 DE ENERO DE 2025:
Mentor Marco Vittorio
EL PODER DEL AYUNO
En este servicio de adoración, reflexionaremos sobre un tema titulado "El Poder del Ayuno", una práctica esencial que forma parte de la "cuerda de tres hilos" de Jesús, que incluye dar, orar y ayunar; por lo tanto, exploraremos juntos cómo esta disciplina espiritual puede transformar nuestras vidas y manifestar el poder divino. Cada año comenzamos con estas tres disciplinas, como se recordó también en la semana pasada, porque forman una base espiritual sólida. La Biblia dice que "... Una cuerda de tres hilos no se rompe tan rápido". (Eclesiastés 4:12), y el número tres es significativo porque representa la victoria, la resurrección y el nuevo nivel, pero también representa la perfección divina en la Trinidad: Dios el Padre, Dios el Hijo y el Espíritu Santo. Es con esta comprensión que deseamos comenzar el año, sembrando en estas tres áreas, sabiendo que cosecharemos lo que sembramos, como se afirma en el libro de Gálatas:
Gálatas 6:7; 7 No os engañeis: Dios no puede ser burlado: que todo lo que el hombre sembrare, eso también segará.
La reflexión nos invita a preguntarnos qué estamos sembrando y a dedicarnos con empeño a dar, orar y ayunar, poniendo a Dios en el centro de nuestras vidas. En el capítulo 6 de Mateo, Jesús aborda estas tres prácticas subrayando que no es el gesto en sí lo que importa, sino la motivación, destacando cómo esta es más importante que la acción misma. Además, Jesús advierte que no hagamos estas cosas para ser vistos por los hombres, ya que de lo contrario nuestra recompensa será solo la aprobación humana.
Mateo 6:16-18; 16 Y cuando ayunáis, no seáis como los hipócritas, austeros; porque ellos demudan sus rostros para parecer á los hombres que ayunan: de cierto os digo, que ya tienen su pago. 17 Mas tú, cuando ayunas, unge tu cabeza y lava tu rostro; 18 Para no parecer á los hombres que ayunas, sino á tu Padre que está en secreto: y tu Padre que ve en secreto, te recompensará en público.
Estas prácticas no son requeridas por Dios como privaciones que tienen valor en sí mismas, sino como herramientas para ponernos en la posición correcta para recibir Sus bendiciones. Dios, siendo eterno y autosuficiente, no necesita nuestro ayuno, nuestras oraciones u ofrendas, pero nos invita a realizarlas para nuestro propio bien, para que podamos acercarnos a Él y vivir bajo Su protección.
Mateo 6:33; 33 Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas.
Esto nos enseña que cuando ponemos a Dios en primer lugar, Él se encarga del resto. La "primicia" no se limita a los bienes materiales, sino que incluye nuestro tiempo, nuestro compromiso y lo mejor de nosotros mismos, y al ofrecerle a Dios lo que tenemos de más precioso al inicio del año, podemos confiar en Él con la certeza de que proveerá para nuestro mañana. Este principio puede parecer paradójico, especialmente en momentos de dificultad económica o personal, pero Dios nos invita a confiar en Él a través de la oración y el ayuno, en lugar de buscar soluciones con nuestras propias fuerzas. El ayuno se convierte así en un arma espiritual poderosa que nos ayuda a superar los miedos y las ansiedades que a menudo dominan nuestra vida. Jesús no presenta el ayuno como una opción, sino como un estilo de vida: “Cuando ayunéis…” (Mateo 6:16). De hecho, ayunar significa cambiarnos a nosotros mismos, no a Dios, porque Dios es inmutable. La carne, que representa nuestro principal obstáculo espiritual con sus deseos, se opone a la voluntad de Dios, pero a través del ayuno podemos mortificarla y permitir que el Espíritu Santo nos guíe. Juan el Bautista lo expresa claramente diciendo: “Es necesario que él crezca, pero que yo disminuya.” (Juan 3:30). Este proceso de negarnos a nosotros mismos es esencial para ver la gloria de Dios en nuestra vida. Pero, ¿qué es exactamente el ayuno? Es la abstención voluntaria de alimentos u otras actividades, con el propósito de buscar a Dios y profundizar nuestra relación con Él. Ayunar significa decir “no” a los deseos de la carne para decir “sí” al Espíritu, dedicando tiempo a la oración y la meditación de la Palabra, alejados de las distracciones. Esto nos permite acercarnos a Dios y ser purificados espiritualmente y físicamente, porque el ayuno también tiene beneficios para el cuerpo, eliminando toxinas y ofreciendo descanso. El ayuno y la oración juntos destruyen los obstáculos que se interponen entre nosotros y Dios, como nuestros pensamientos, nuestro orgullo y nuestra independencia de Él, porque cuando los practicamos, nos rendimos completamente a Dios, permitiendo que Su Espíritu guíe nuestras vidas. Existen varios tipos de ayuno que podemos practicar, como el ayuno parcial, total o absoluto. El ayuno parcial, por ejemplo, consiste en eliminar ciertos alimentos, como lo hizo Daniel, quien se alimentó solo de legumbres y agua durante diez días (Daniel 1:12). El ayuno total implica la abstención de alimentos sólidos, consumiendo solo líquidos, mientras que el ayuno absoluto implica la abstención completa de comida y agua, como lo practicaron Moisés (Éxodo 34:28), Ester (Ester 4:16) y Pablo (Hechos 9:9). Algunos podrían pensar que el ayuno es una práctica del Antiguo Testamento, pero en realidad, Jesús mismo lo practicó, ayunando durante cuarenta días en el desierto antes de comenzar Su ministerio, demostrando así su importancia. De hecho, después de este período, Jesús salió lleno del poder del Espíritu Santo, mostrando que el ayuno prepara nuestro espíritu para recibir y discernir la voluntad de Dios. Esto es particularmente evidente cuando Jesús responde rápidamente a las tentaciones del diablo usando la Palabra de Dios, porque Su espíritu estaba completamente alineado con el Padre. Los apóstoles también consideraban el ayuno fundamental: Pablo lo menciona en 2°Corintios 6:5, hablando de los ayunos como parte de su vida ministerial, mientras que en Hechos 13:1-3 leemos que, mientras los discípulos oraban y ayunaban, el Espíritu Santo les dio instrucciones claras para el ministerio de Bernabé y Saulo. Esto muestra que el ayuno no obliga a Dios a responder, sino que nos hace más sensibles a Su voz. Ayunar no solo se trata de comida; puede involucrar cualquier cosa que nos distraiga de Dios, como el teléfono, el trabajo u otras "idolatrías" que roban nuestro tiempo. Dedicar este tiempo a la oración y a la Palabra de Dios nos ayuda a ponerlo en primer lugar, como enseña Mateo 6:33: "Pero buscad primero el reino de Dios y su justicia." Esto nos recuerda que Dios desea lo mejor para nosotros, pero requiere que Lo pongamos en el centro de nuestra vida. El ayuno no es un sacrificio por sí mismo, pero su práctica nos enseña a depender de Dios, purificándonos y preparándonos para recibir Sus bendiciones. Además, es una herramienta que nos permite crecer espiritualmente, fortalecer nuestra fe y vivir en el poder del Espíritu Santo. Como ya se ha dicho, el ayuno no cambia a Dios, pero nos transforma a nosotros. De hecho, hay aspectos de nuestra vida que permanecen sin cambios hasta que elegimos ayunar y buscar el rostro de Dios. El grado en que practicamos el ayuno determina el nivel de cambio en las áreas que necesitan transformación. Este acto trae disciplina a nuestra vida, humillándonos para exaltar a Dios y colocándonos en una posición espiritual favorable. Al ayunar, podemos romper ciclos negativos como la gula o otros hábitos alimentarios que nos dominan, declarando que no serán estos hábitos los que manden en nuestra vida, sino Dios. Sin embargo, el ayuno sin oración no tiene valor espiritual, porque si no buscamos a Dios mientras ayunamos, simplemente estamos soportando el hambre sin ningún beneficio. El ayuno se vuelve significativo cuando eliminamos algo de nuestra vida para hacer espacio para la presencia divina, dedicándonos a la oración y a la intimidad con Él. De hecho, nuestra relación con Dios es proporcional al grado en que Lo buscamos. Él da Su poder a aquellos que Lo aman, Lo honran y Le obedecen, respetando la ley espiritual de dar y recibir: "Lo que sembramos, cosecharemos." Un aspecto fundamental del ayuno es la humillación delante de Dios, que implica someter nuestra carne y nuestros deseos a Él, como se expresa en los Salmos:
Salmos 35:13; 13 Mas yo, cuando ellos enfermaron, me vestí de saco; Afligí con ayuno mi alma, Y mi oración se revolvía en mi seno.
¿Qué hacía el salmista cuando estaba enfermo? Ayunaba y oraba para recibir su sanidad. Esta práctica refleja nuestra total dependencia de Él, siguiendo el consejo del Apóstol Pedro:
1°Pedro 5:6; 6 Humillaos pues bajo la poderosa mano de Dios, para que él os ensalce cuando fuere tiempo;
Cuando nos humillamos, Dios nos exalta; es una ley espiritual: si nos exaltamos, Dios nos humilla, pero si nos humillamos, Él nos eleva. Esta sumisión también implica aceptar a los ministros y guías espirituales que Dios ha puesto en nuestras vidas, dejando atrás nuestro orgullo y confiando completamente en Su voluntad. El ayuno nos ayuda a vaciarnos de nosotros mismos, creando espacio para la presencia de Dios, porque cuando estamos llenos de nosotros mismos, no podemos recibir lo que Él desea darnos. Esta actitud nos prepara para discernir los tiempos y las situaciones que nos rodean. De hecho, durante Su ayuno en el desierto, Jesús fue inmediatamente consciente de los engaños del diablo porque Sus sentidos espirituales estaban afinados. De la misma manera, el ayuno nos ayuda a ver más allá de las limitaciones del mundo natural, permitiéndonos percibir la realidad espiritual y las promesas de Dios. Esto nos da paz y confianza, eliminando el temor al futuro, porque vemos las cosas con los ojos del Espíritu.
2°Timoteo 3:1; 1 ESTO también sepas, que en los postreros días vendrán tiempos peligrosos:
Este verso nos advierte que en los últimos días habrá tiempos difíciles, pero mientras el mundo se asusta por los desafíos y las incertidumbres, nosotros podemos mantenernos firmes en la fe, sabiendo que Dios tiene el control. A través del ayuno y la oración, estamos preparados para enfrentar las dificultades con el poder divino. De hecho, el ayuno también nos permite superar el espíritu del retraso, que a menudo bloquea las bendiciones que Dios ya ha preparado para nosotros. Daniel, en el capítulo 10, experimentó un retraso espiritual que impedía el cumplimiento de las promesas de Dios, pero a través del ayuno y la oración, logró mover la mano de Dios, recibiendo la visión prometida. Esto demuestra que cuando nos enfrentamos a obstáculos o retrasos, no debemos rendirnos, sino perseverar en el ayuno para obtener la victoria.
Daniel 10:12; 12 Y díjome: Daniel, no temas: porque desde el primer día que diste tu corazón á entender, y á afligirte en la presencia de tu Dios, fueron oídas tus palabras; y á causa de tus palabras yo soy venido.
Esto nos enseña que el ayuno y la oración pueden acelerar el cumplimiento de las promesas divinas. Cuando las situaciones no cambian, el ayuno se convierte en una herramienta esencial.
Marcos 9:29; 29 Y les dijo: Este género con nada puede salir, sino con oración y ayuno.
Este ejemplo nos muestra que el ayuno nos da la sensibilidad espiritual necesaria para discernir y enfrentar situaciones difíciles.
Isaías 58:6; 6 ¿No es antes el ayuno que yo escogí, desatar las ligaduras de impiedad, deshacer los haces de opresión, y dejar ir libres á los quebrantados, y que rompáis todo yugo?
Este tipo de ayuno no solo nos libera, sino que también nos da poder para liberar a los demás. Ya hemos visto que Jesús ayunó durante 40 días antes de comenzar Su ministerio, demostrando la importancia de esta disciplina como preparación espiritual. De hecho, después de este período, Jesús salió del desierto lleno del poder del Espíritu Santo, listo para enfrentar la misión que el Padre le había encomendado. Esto nos enseña que el ayuno no es solo un acto simbólico, sino un medio para ser llenos de poder y guiados por el Espíritu Santo. A través del ayuno, Dios quiere liberarnos de todo obstáculo y prepararnos para Sus promesas, un proceso que requiere perseverancia y fe. Como lo demostró Daniel, el ayuno no es solo un sacrificio, sino una declaración de confianza en Dios, un arma espiritual poderosa que nos permite superar las oposiciones, discernir la voluntad divina y caminar en Su poder. Cuando ayunamos con sinceridad y perseverancia, experimentamos una transformación profunda, tanto a nivel personal como espiritual. En Isaías 58 y Marcos 9, vemos que el ayuno es esencial para romper yugos y enfrentar batallas espirituales. Esto nos recuerda que Dios siempre es fiel a Sus promesas y que el ayuno es una herramienta que Él nos ha dado para acercarnos a Él, superar desafíos y vivir en Su gloria.
En conclusión, el ayuno es una disciplina esencial para todo cristiano, no una opción, sino un estilo de vida que nos acerca a Dios y nos transforma desde dentro. Jesús mismo lo practicó, y la Biblia nos invita a seguir Su ejemplo, recordándonos que todo sacrificio, hecho con el corazón correcto, da fruto eterno.